julio 12, 2014

ABC

Todas las histerias tienen nombre y apellido.
La macana es que el abecedario tiene muchas letras.
Lo bueno es que es Sábado.
Brindemos para olvidarlas.
Qué poco original, no?
No importa, me encanta.

julio 05, 2014

Multiple Choice

Elegir siempre implica descartar una de las opciones.
Todo el tiempo estamos eligiendo. Qué comer; qué vestir; qué comprar; a dónde nos vamos a ir de vacaciones; si salís o a reventar la noche o te quedás a ver películas...
La cuestión mayor (bueh, "mayor") se presenta cuando tenés que elegir si vas a salir con ese individuo que viene remando hace meses por una oportunidad o si vas a dejarlo pasar.
Después de dar algunas vueltas decidís que sí, que vas a ir a comer algo con él este viernes por la noche. Total, con probar no perdés nada y tampoco es que tenés algún plan magnífico que te lo impida.
Te busca o se encuentran, se sienten algunos nervios suyos, vos te hacés la relajada pero en el fondo, bien en el fondo, también te medís en cómo actuar. Porque, seamos sinceros, por más que sepas que no es el amor de tu vida, lo querés impresionar. Querés que quiera otra cita con vos. Dale, vamos, aceptalo.
La noche corre sin sobresaltos. No la estás pasando mal. Surge el intercambio de algunos besos y cada chancho a su rancho.
Para vos fue una salida más, nada extraordinario. De todas maneras, aceptás un próximo encuentro.
La situación es la misma pero sigue sin moverte ni la pestaña que tenés en la mejilla. Qué macana, no?
Estaría buenísimo que, por una vez en la vida, nos suceda lo que a toda chica de película yanqui. Sale sin expectativas, el tipo la cautiva y, de repente, she falls in love with the boy.
Bueno, no, acá no pasa eso. Ni por lejos. Es sólo para pasar el tiempo.
Luego de unas cuantas salidas y sintiendo más emoción por el plato de ravioles que te sirve el mozo que por recibir un beso, decidís que no vas a seguir ilusionándolo y planteás que dejen las cosas como estaban porque blablabla y no te quiero lastimar.
El tipo acepta, aunque no sin antes insistir unos cuantos días más. Después entiende. Y claro, este chico sabe que no puede forzar nada porque te sintió segurísima en tu discurso.

Pasan los meses, lo cruzás. Te acordás.
Empezás a recordar lo bueno. Y sí, me hacía reír. Y sí, era buena onda. Y sí, me entendía bastante. Y sí, tal cosa. Y sí, tal otra.
Qué injusto, no? Por qué no me di cuenta antes? Estará en otra? Estará CON otra?
Dudás. Agarrás el teléfono. Lo soltás. Lo buscás en Facebook. Abrís la ventana del chat. La cerrás.
Pasan 2 días más y seguís con la espina. Te decidís.
Tomás nuevamente el celular. Abrís el WhatsApp. Lo buscás. No lo encontrás. Te bloqueó. Qué hijo de puta. Pendejo histérico. Ninguna autocrítica.

Ahora, más que nunca, querés hablar con él y que se dé cuenta. Sabemos que no lo va a hacer. Se te pasó el tren.