No me quiere. Le doy vergüenza. No me quiere. Le doy vergüenza.
Me usa. No me quiere.
Le doy vergüenza.
Me usa. Me usa. Me usa.
No me quiere.
Me usa.
Le doy vergüenza.
¿Por qué lo hace?
Porque se lo permito.
diciembre 31, 2014
noviembre 30, 2014
Círculo personal
Las personas se dividen en 2 grupos: Aritos perla y los demás.
Aritos perla son los ultra conservadores.
En el caso de las mujeres, está de más aclarar que usan los aritos de perla; siempre tienen el pelo intacto, lacio, por supuesto; desconocen lo que es el frizz y están bronceadas desde Agosto.
Suelen vestirse con colores pasteles y parecen salidas de una sesión de fotos de alguna revista de supermercado.
Los hombres llevan pantalones pinzados con náuticos, camisa a cuadros imperceptibles y buzo bremer en los hombros (sin importar el clima).
Por otro lado, el resto nos vestimos de manera más informal y jamás estaremos tan prolijos como los antes mencionados.
A mí me gusta ser del otro grupo, aunque sé que jamás un arito perla me va a aceptar ni como amiga.
Me agradan mis zapatillas, mis rulos despeinados, mi ropa de diversos colores, mis tatuajes y que no me importe demasiado si el delineado se me corre en un recital.
He salido con un tipo que no se vestía como arito perla pero esperaba estar en pareja con una, porque ésas son las chicas que se pueden llevar a comer los domingos con la familia. Muy lejos de que eso sucediera, este chico se avergonzaba de mí, por eso siempre íbamos a lugares poco concurridos o nos quedábamos en su casa o en la mía.
Nunca más quiero estar con alguien que sienta vergüenza de mí. Porque escucho música, gusto de la literatura, amo el cine, no espero que el hombre pague en una salida... En definitiva, no me esforzaría por ser arito perla, tampoco lo lograría. Sólo me gustaría que esa persona que no quería que nos vieran en público acepte que, en algún momento, le gustó una de otro círculo. Así, sin más. Son cosas que pueden pasar.
Aritos perla son los ultra conservadores.
En el caso de las mujeres, está de más aclarar que usan los aritos de perla; siempre tienen el pelo intacto, lacio, por supuesto; desconocen lo que es el frizz y están bronceadas desde Agosto.
Suelen vestirse con colores pasteles y parecen salidas de una sesión de fotos de alguna revista de supermercado.
Los hombres llevan pantalones pinzados con náuticos, camisa a cuadros imperceptibles y buzo bremer en los hombros (sin importar el clima).
Por otro lado, el resto nos vestimos de manera más informal y jamás estaremos tan prolijos como los antes mencionados.
A mí me gusta ser del otro grupo, aunque sé que jamás un arito perla me va a aceptar ni como amiga.
Me agradan mis zapatillas, mis rulos despeinados, mi ropa de diversos colores, mis tatuajes y que no me importe demasiado si el delineado se me corre en un recital.
He salido con un tipo que no se vestía como arito perla pero esperaba estar en pareja con una, porque ésas son las chicas que se pueden llevar a comer los domingos con la familia. Muy lejos de que eso sucediera, este chico se avergonzaba de mí, por eso siempre íbamos a lugares poco concurridos o nos quedábamos en su casa o en la mía.
Nunca más quiero estar con alguien que sienta vergüenza de mí. Porque escucho música, gusto de la literatura, amo el cine, no espero que el hombre pague en una salida... En definitiva, no me esforzaría por ser arito perla, tampoco lo lograría. Sólo me gustaría que esa persona que no quería que nos vieran en público acepte que, en algún momento, le gustó una de otro círculo. Así, sin más. Son cosas que pueden pasar.
noviembre 03, 2014
Esa puta realidad
Cuando se
muere tu hermano, el mundo no se detiene. Sigue girando y vos, con tu
dolor, tenés que seguirle el ritmo. La gente no se detiene en la calle para
darte un abrazo o para preguntarte qué fue lo que te pasó que tenés esa cara de
fantasma, la gente es totalmente indiferente, y los que no lo son, chusmean
entre ellos suponiendo que tus ojos hinchados y colorados se deben a que,
seguramente, te peleaste con tu novio.
Cuando la muerte de un ser tan querido llega
repentinamente, es un cáncer de por vida. Es una gran enfermedad terminal para
la que no hay avance científico ni medicinas que sirvan.
Te mata el alma, te quema, te estruja, te
golpea, te hierve la conciencia. Te quita la vida pero te deja caminando. Ahora
sos vos contra el mundo. Ya no importa que no puedas soportarlo, vas a tener
que lograrlo. Y ahí es cuando el mundo, tal como lo conocías, no vuelve a ser
el mismo. Ahora tu concepción sobre las cosas, las relaciones y cualquier
contacto humano es totalmente diferente. Ahora, todo te chupa un huevo.
agosto 18, 2014
Indeciso
El desgaste que implica no decidirse si estamos mejor o no, aturde la cabeza como martillazos del vecino a las 7 am un domingo.
No todas las veces estamos bien en soledad. No siempre se está feliz en pareja.
Qué lindos son esos primeros run-run del corazón. Qué lejano todo.
No todas las veces estamos bien en soledad. No siempre se está feliz en pareja.
Qué lindos son esos primeros run-run del corazón. Qué lejano todo.
julio 12, 2014
ABC
Todas las histerias tienen nombre y apellido.
La macana es que el abecedario tiene muchas letras.
Lo bueno es que es Sábado.
Brindemos para olvidarlas.
Qué poco original, no?
No importa, me encanta.
La macana es que el abecedario tiene muchas letras.
Lo bueno es que es Sábado.
Brindemos para olvidarlas.
Qué poco original, no?
No importa, me encanta.
julio 05, 2014
Multiple Choice
Elegir siempre implica descartar una de las opciones.
Todo el tiempo estamos eligiendo. Qué comer; qué vestir; qué comprar; a dónde nos vamos a ir de vacaciones; si salís o a reventar la noche o te quedás a ver películas...
La cuestión mayor (bueh, "mayor") se presenta cuando tenés que elegir si vas a salir con ese individuo que viene remando hace meses por una oportunidad o si vas a dejarlo pasar.
Después de dar algunas vueltas decidís que sí, que vas a ir a comer algo con él este viernes por la noche. Total, con probar no perdés nada y tampoco es que tenés algún plan magnífico que te lo impida.
Te busca o se encuentran, se sienten algunos nervios suyos, vos te hacés la relajada pero en el fondo, bien en el fondo, también te medís en cómo actuar. Porque, seamos sinceros, por más que sepas que no es el amor de tu vida, lo querés impresionar. Querés que quiera otra cita con vos. Dale, vamos, aceptalo.
La noche corre sin sobresaltos. No la estás pasando mal. Surge el intercambio de algunos besos y cada chancho a su rancho.
Para vos fue una salida más, nada extraordinario. De todas maneras, aceptás un próximo encuentro.
La situación es la misma pero sigue sin moverte ni la pestaña que tenés en la mejilla. Qué macana, no?
Estaría buenísimo que, por una vez en la vida, nos suceda lo que a toda chica de película yanqui. Sale sin expectativas, el tipo la cautiva y, de repente, she falls in love with the boy.
Bueno, no, acá no pasa eso. Ni por lejos. Es sólo para pasar el tiempo.
Luego de unas cuantas salidas y sintiendo más emoción por el plato de ravioles que te sirve el mozo que por recibir un beso, decidís que no vas a seguir ilusionándolo y planteás que dejen las cosas como estaban porque blablabla y no te quiero lastimar.
El tipo acepta, aunque no sin antes insistir unos cuantos días más. Después entiende. Y claro, este chico sabe que no puede forzar nada porque te sintió segurísima en tu discurso.
Pasan los meses, lo cruzás. Te acordás.
Empezás a recordar lo bueno. Y sí, me hacía reír. Y sí, era buena onda. Y sí, me entendía bastante. Y sí, tal cosa. Y sí, tal otra.
Qué injusto, no? Por qué no me di cuenta antes? Estará en otra? Estará CON otra?
Dudás. Agarrás el teléfono. Lo soltás. Lo buscás en Facebook. Abrís la ventana del chat. La cerrás.
Pasan 2 días más y seguís con la espina. Te decidís.
Tomás nuevamente el celular. Abrís el WhatsApp. Lo buscás. No lo encontrás. Te bloqueó. Qué hijo de puta. Pendejo histérico. Ninguna autocrítica.
Ahora, más que nunca, querés hablar con él y que se dé cuenta. Sabemos que no lo va a hacer. Se te pasó el tren.
Todo el tiempo estamos eligiendo. Qué comer; qué vestir; qué comprar; a dónde nos vamos a ir de vacaciones; si salís o a reventar la noche o te quedás a ver películas...
La cuestión mayor (bueh, "mayor") se presenta cuando tenés que elegir si vas a salir con ese individuo que viene remando hace meses por una oportunidad o si vas a dejarlo pasar.
Después de dar algunas vueltas decidís que sí, que vas a ir a comer algo con él este viernes por la noche. Total, con probar no perdés nada y tampoco es que tenés algún plan magnífico que te lo impida.
Te busca o se encuentran, se sienten algunos nervios suyos, vos te hacés la relajada pero en el fondo, bien en el fondo, también te medís en cómo actuar. Porque, seamos sinceros, por más que sepas que no es el amor de tu vida, lo querés impresionar. Querés que quiera otra cita con vos. Dale, vamos, aceptalo.
La noche corre sin sobresaltos. No la estás pasando mal. Surge el intercambio de algunos besos y cada chancho a su rancho.
Para vos fue una salida más, nada extraordinario. De todas maneras, aceptás un próximo encuentro.
La situación es la misma pero sigue sin moverte ni la pestaña que tenés en la mejilla. Qué macana, no?
Estaría buenísimo que, por una vez en la vida, nos suceda lo que a toda chica de película yanqui. Sale sin expectativas, el tipo la cautiva y, de repente, she falls in love with the boy.
Bueno, no, acá no pasa eso. Ni por lejos. Es sólo para pasar el tiempo.
Luego de unas cuantas salidas y sintiendo más emoción por el plato de ravioles que te sirve el mozo que por recibir un beso, decidís que no vas a seguir ilusionándolo y planteás que dejen las cosas como estaban porque blablabla y no te quiero lastimar.
El tipo acepta, aunque no sin antes insistir unos cuantos días más. Después entiende. Y claro, este chico sabe que no puede forzar nada porque te sintió segurísima en tu discurso.
Pasan los meses, lo cruzás. Te acordás.
Empezás a recordar lo bueno. Y sí, me hacía reír. Y sí, era buena onda. Y sí, me entendía bastante. Y sí, tal cosa. Y sí, tal otra.
Qué injusto, no? Por qué no me di cuenta antes? Estará en otra? Estará CON otra?
Dudás. Agarrás el teléfono. Lo soltás. Lo buscás en Facebook. Abrís la ventana del chat. La cerrás.
Pasan 2 días más y seguís con la espina. Te decidís.
Tomás nuevamente el celular. Abrís el WhatsApp. Lo buscás. No lo encontrás. Te bloqueó. Qué hijo de puta. Pendejo histérico. Ninguna autocrítica.
Ahora, más que nunca, querés hablar con él y que se dé cuenta. Sabemos que no lo va a hacer. Se te pasó el tren.
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