Cuando se
muere tu hermano, el mundo no se detiene. Sigue girando y vos, con tu
dolor, tenés que seguirle el ritmo. La gente no se detiene en la calle para
darte un abrazo o para preguntarte qué fue lo que te pasó que tenés esa cara de
fantasma, la gente es totalmente indiferente, y los que no lo son, chusmean
entre ellos suponiendo que tus ojos hinchados y colorados se deben a que,
seguramente, te peleaste con tu novio.
Cuando la muerte de un ser tan querido llega
repentinamente, es un cáncer de por vida. Es una gran enfermedad terminal para
la que no hay avance científico ni medicinas que sirvan.
Te mata el alma, te quema, te estruja, te
golpea, te hierve la conciencia. Te quita la vida pero te deja caminando. Ahora
sos vos contra el mundo. Ya no importa que no puedas soportarlo, vas a tener
que lograrlo. Y ahí es cuando el mundo, tal como lo conocías, no vuelve a ser
el mismo. Ahora tu concepción sobre las cosas, las relaciones y cualquier
contacto humano es totalmente diferente. Ahora, todo te chupa un huevo.
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