noviembre 03, 2014

Esa puta realidad

Cuando se  muere tu hermano, el mundo no se detiene. Sigue girando y vos, con tu dolor, tenés que seguirle el ritmo. La gente no se detiene en la calle para darte un abrazo o para preguntarte qué fue lo que te pasó que tenés esa cara de fantasma, la gente es totalmente indiferente, y los que no lo son, chusmean entre ellos suponiendo que tus ojos hinchados y colorados se deben a que, seguramente, te peleaste con tu novio.

Cuando la muerte de un ser tan querido llega repentinamente, es un cáncer de por vida. Es una gran enfermedad terminal para la que no hay avance científico ni medicinas que sirvan.

Te mata el alma, te quema, te estruja, te golpea, te hierve la conciencia. Te quita la vida pero te deja caminando. Ahora sos vos contra el mundo. Ya no importa que no puedas soportarlo, vas a tener que lograrlo. Y ahí es cuando el mundo, tal como lo conocías, no vuelve a ser el mismo. Ahora tu concepción sobre las cosas, las relaciones y cualquier contacto humano es totalmente diferente. Ahora, todo te chupa un huevo.

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