Las personas se dividen en 2 grupos: Aritos perla y los demás.
Aritos perla son los ultra conservadores.
En el caso de las mujeres, está de más aclarar que usan los aritos de perla; siempre tienen el pelo intacto, lacio, por supuesto; desconocen lo que es el frizz y están bronceadas desde Agosto.
Suelen vestirse con colores pasteles y parecen salidas de una sesión de fotos de alguna revista de supermercado.
Los hombres llevan pantalones pinzados con náuticos, camisa a cuadros imperceptibles y buzo bremer en los hombros (sin importar el clima).
Por otro lado, el resto nos vestimos de manera más informal y jamás estaremos tan prolijos como los antes mencionados.
A mí me gusta ser del otro grupo, aunque sé que jamás un arito perla me va a aceptar ni como amiga.
Me agradan mis zapatillas, mis rulos despeinados, mi ropa de diversos colores, mis tatuajes y que no me importe demasiado si el delineado se me corre en un recital.
He salido con un tipo que no se vestía como arito perla pero esperaba estar en pareja con una, porque ésas son las chicas que se pueden llevar a comer los domingos con la familia. Muy lejos de que eso sucediera, este chico se avergonzaba de mí, por eso siempre íbamos a lugares poco concurridos o nos quedábamos en su casa o en la mía.
Nunca más quiero estar con alguien que sienta vergüenza de mí. Porque escucho música, gusto de la literatura, amo el cine, no espero que el hombre pague en una salida... En definitiva, no me esforzaría por ser arito perla, tampoco lo lograría. Sólo me gustaría que esa persona que no quería que nos vieran en público acepte que, en algún momento, le gustó una de otro círculo. Así, sin más. Son cosas que pueden pasar.
noviembre 30, 2014
noviembre 03, 2014
Esa puta realidad
Cuando se
muere tu hermano, el mundo no se detiene. Sigue girando y vos, con tu
dolor, tenés que seguirle el ritmo. La gente no se detiene en la calle para
darte un abrazo o para preguntarte qué fue lo que te pasó que tenés esa cara de
fantasma, la gente es totalmente indiferente, y los que no lo son, chusmean
entre ellos suponiendo que tus ojos hinchados y colorados se deben a que,
seguramente, te peleaste con tu novio.
Cuando la muerte de un ser tan querido llega
repentinamente, es un cáncer de por vida. Es una gran enfermedad terminal para
la que no hay avance científico ni medicinas que sirvan.
Te mata el alma, te quema, te estruja, te
golpea, te hierve la conciencia. Te quita la vida pero te deja caminando. Ahora
sos vos contra el mundo. Ya no importa que no puedas soportarlo, vas a tener
que lograrlo. Y ahí es cuando el mundo, tal como lo conocías, no vuelve a ser
el mismo. Ahora tu concepción sobre las cosas, las relaciones y cualquier
contacto humano es totalmente diferente. Ahora, todo te chupa un huevo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)